martes, 11 de agosto de 2009

Capítulo 1: Partida


-¡¡¡Por las barbas de Belcebú!! –maldijo el joven mientras arrojaba gran parte del contenido que descansaba sobre la mesa del escritorio.
Se quedó observando los papeles desparramados por el suelo de la tienda y añadió: -No es más que una leyenda. No tiene sentido seguir buscando…
Dándose por vencido, Sayrz se levantó de su silla y se dispuso a recoger del suelo los mapas e instrumentos que había estado utilizando. Entonces recordó que sus compañeros de habitación aun dormían y echó un tímido vistazo, entre las literas. Todo seguía en calma. Cogió uno de los mapas que había caído sobre unos libros viejos y lo observo con ojo clínico, como tantas veces había hecho ya a lo largo de esa última semana.

La ilustración mostraba una región desconocida, sobre la cual estaban plasmados lo que parecían nombres de ciudades y pueblos en una extraña lengua. Lo único entendible ante los ojos de Sayrz, era un nombre que yacía escrito con caligrafía perfecta sobre uno de los márgenes; “Las Tierras Del Sol”.

La puerta que comunicaba su tienda con el exterior se abrió bruscamente. Un guerrero corpulento y ataviado con una pesada armaduraza la atravesó. Sayrz reconoció a su amigo Valten el cual precedía a Katne:
- Buenos días amigo –dijo Valten con un timbre que resonó por toda la tienda.
- Haz el favor de no gritar tanto. –dijo Sayrz susurrando mientras lanzaba una mirada acusadora. Valten observó el montón de libros, pergaminos y hojas que se apilaban sobre el suelo y añadió:
- Si no se han despertado con eso… dudo que nada los despierte. Sayrz giró el cuello para ver a los marineros que dormían placidamente.
- Tienes razón. –rectificó Sayrz mientras sonreía.
Katne, que aun se encontraba tras la puerta de la habitación, se dirigió hacia el montón de papeles:
- Déjame ayudarte con eso –dijo el arcabucero que era más delgado y poseedor de rasgos más finos que el resto de sus compañeros.
Valten al verlo, se sumó a él. Cogió uno de los mapas que descansaba sobre el suelo de madera y rompió el silencio nuevamente, pero esta vez sin alzar demasiado la voz:
- ¿Vuelves a estar encabritado con estos mapas Sayrz? –preguntó, algo angustiado por su amigo.
- Llevas una semana igual… -observó Katne.
Sayrz mantuvo un breve silencio hasta que al final dijo:
- “Tierras Del Sol”… Según la leyenda, son tres veces más grandes que nuestro propio mundo. –y en un gesto recordatorio, buscó entre los mapas un pergamino que mostró a Katne y Valten:
- Es lo poco que he conseguido descifrar de este texto.

Los dos lo observaron varios segundos sin demasiado interés:
- Nos lo has enseñado innumerables veces Sayrz –dijo Katne sonriendo amablemente.
- Es una leyenda, no deberías de hacerle más caso de lo que merece. –concluyó Valten mientras se levantaba del suelo: -y ahora coge el baúl y vayámonos, no tardaremos mucho en zarpar.
- Si, vayámonos. –dijo Sayrz mientras guardaba los papeles bajo la almohada de su litera. Después se cargó el pesado baúl a la espalda y salió de la tienda, donde Valten y Katne le esperaban.


Ni una nube amenazaba aquella mañana la expedición que iba a realizar la guardia del mar de Noremïr. Las gaviotas, aprovechando el buen tiempo, revoloteaban sobre las aguas del muelle en busca de peces o algún otro tipo de alimento.
Una vez allí el capitán no tardó demasiado en dar la orden de entrar en cubierta. A través de la pasarela instalada en el lado de babor, los cien marineros que llenaban “El Princess” fueron entrando entre risas y algún que otro empujón.

Desde cubierta el paisaje que ofrecía la ciudad de Ilion era espectacular. “El Princess”, pese a ser uno de las naves mas pequeñas de la flota de Noremïr, era tan alto como una pequeña fortificación. Algunos marineros llamaban a la flota de la guardia del mar “castillos navegantes”.
Un sonoro golpe sacó a Sayrz de sus pensamientos. Siguió la dirección del estruendo y vio a su amigo Valten que aun se encontraba enfrascado en su tarea de embarque.
Valten, lanzó de nuevo un barril de pólvora escaleras abajo, poco después, la improvisada rueda se inmersó en la oscuridad de la bodega. Tras un breve silencio, una voz gritó:
-¡Vale, ya lo tengo!. ¿Ese era el último verdad?
- Si parche, sube –contesto Valten mientras ofrecía su mano para que el joven saliera.
La luz del sol descubrió a un marinero que portaba el uniforme de camisa blanca y pantalones de lino azules, estos últimos arremangados hasta las rodillas.
Parche era un joven de escasa estatura pero que inspiraba profunda confianza. El mote de “Parche”, que sustituya al nombre Eduard, se lo habían puesto cariñosamente sus compañeros de la guardia ya que el joven había perdido un ojo en una encrucijada con piratas de la tortuga.

-¿Dónde está Katne? –preguntó Parche al ver que faltaba uno de los tres inseparables amigos.
- Creo que está con Severus. Vayamos a buscarlo. –sugirió Valten.
Mientras bajaban la escalera que conducía a la sala de artillería, escucharon como un hombre rugía y maldecía enfurecido.
Pronto se despejaron dudas al ver que Severus gritaba a un artillero mientras señalaba con ímpetu uno de los cañones:
-¡Son piezas muy caras! ¡El orgullo de la guardia del mar de Noremïr!. Ándate con mas cuidado la próxima vez, o serás tu el que le de cuentas al capitán! –terminó Severus algo mas tranquilo al ver que el cañón no había sufrido ningún desperfecto.
-¡No volverá a ocurrir señor! –gritó el artillero mientras se llevaba una mano a la frente. Después la bajó, y caminando apresuradamente, huió de la escena.
Ante tal actuación, el jefe de artilleros del “Princess”, negaba con la cabeza mientras daba media vuelta para recibir a sus compañeros:
- Estos aprendices, no me dan más que problemas… -susurró Severus aun algo disgustado.
- No seas tan duro con ellos –dijo Parche riendo –no han visto un cañón en toda su vida.
- Mi tío siempre fue partidario de infundar el temor para que los subordinados trabajaran mejor, –dijo una voz que provenía de las escaleras. -¿verdad Severus?
Todos se giraron y observaron como Katne bajaba los últimos peldaños de un hábil salto.
-Verdad, y no funciona del todo mal… -dijo mientras señalaba al pobre marinero que fregaba el suelo con esmero.
- ¿Donde estabas Katne? –preguntó Valten mientras se acercaba al resto del grupo.
- Fregando la cubierta –dijo mientras mostraba las manos arrugadas después de estar una hora entre trapos empapados. Entonces miró a través de una abertura para disparar uno de los cincuenta cañones que armaban el “Princess” y preguntó:
- ¿Cuanto queda para zarpar?- Es un recorrido de tres días –aclaró Severus –no llevaremos una gran cantidad de provisiones, pero si de armamento. Si nuestro objetivo es patrullar cerca de Drän, debemos de estar bien preparados. Llevamos tres horas cargando, no debe de faltar mucho más… -Justo después de terminar sus palabras, les llegó el sonido de una campana que repicó dos veces en poco espacio de tiempo. Los cinco salieron a cubierta y vieron como el resto de la tripulación izaba las velas y recogían los cabos. El “Princess” zarpaba como tantas veces había hecho.

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